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Hace dos meses se publicó una carta en el periódico The Guardian en la que se recogía la preocupación de un grupo de profesores e investigadores de diferentes universidades (tan destacadas como Harvard, Oxford, Max-Planck Institute, Cambridge, Columbia o Sussex) que ponía en duda la existencia de los estilos de aprendizaje.

La denominación de estilos de aprendizaje, es la creencia de que los individuos se pueden beneficiar cuando la información que reciben durante el proceso de aprendizaje tiene un formato determinado (visual, auditivo, manipulativo, etc.). En la carta, se plantea que está práctica, popularizada en los últimos años en los centros educativos y supuestamente basada en hallazgos neurocientíficos, en realidad, carece de la evidencia empírica suficiente para apoyarla.

A pesar de ser una creencia ampliamente aceptada y utilizada entre el profesorado (por ejemplo un 76% del profesorado en el Reino Unido sostiene esta creencia), este grupo de científicos no comparte la idea de que por ejemplo un alumno con un estilo “auditivo” pueda aprender mejor a través de estrategias como escuchar historias o participar en debates en lugar realizar de ejercicios escritos.

Estos autores señalan una serie de problemas para aceptar las teorías basadas en los estilos de aprendizaje:

1.- En primer lugar, no hay un marco coherente sobre los estilos de aprendizaje

Los estilos de aprendizaje pueden tener diferentes clasificaciones: Auditivos, visuales o kineséticos; hemisferio izquierdo vs hemisferio derecho; holísticos vs secuenciales. Sin embargo no existe un marco teórico de fondo que soporte de un modo sólido las diferentes teorías sobre los estilos del aprendizaje. 

2.- En segundo lugar, puede producirse un problema de rigidez con la categorización 

El hecho de clasificar a los individuos en categorías puede llevar a asumir estilos de aprendizaje rígidos que pueden dificultar la motivación del alumnado o la adaptación a los diferentes contenidos.

3.- En tercer lugar,  las investigaciones realizadas, no aportan evidencias o éstas son insuficientes para apoyar la existencia de estilos de aprendizaje

Este grupo de autores, también señala la necesidad de promover un espíritu crítico con la prácticas educativas que supuestamente se basan en la neurociencia.

¿Qué implicaciones tiene esto para la enseñanza en en el aula? 

Posteriormente a la publicación de esta carta, desde la web Education World, se publicó una respuesta considerando un perspectiva más cercana al día a día del profesorado en el aula. Aunque hay pocas evidencias empíricas sobre los beneficios de conectar los estilos de enseñanza con los estilos de aprendizaje preferidos por los estudiantes, esto no quiere decir que no se pueden crear planes de aprendizaje individualizados y personalizados para nuestras clases. También se recomienda que los profesores diversifiquen al tipo de actividades que utilizan, para que los estudiantes puedan practicar múltiples formas de internalizar y experimentar con la nueva información. Los estudiantes deberían poder explorar con libertad una gran variedad de rutas en su aprendizaje, y los profesores deberían facilitar esa práctica. 

Posiblemente sea importante atemperar el entusiasmo que ha surgido en el mundo educativo respecto a ésta y a otras propuestas relacionadas. Esta controversia amplia el debate a hacia otras teorías que habitualmente se presentan asociadas o incluso integradas con los estilos de aprendizaje, como por ejemplo la teoría de las inteligencias múltiples.

Si bien, sería un error considerar que las inteligencias múltiples y los estilos de aprendizaje se refieren a lo mismo (el propio Howar Gardner, autor de la Teoría de la Inteligencias Múltiples, así lo señala). Autores como Daniel T. Willingham (catedrático de psicología de la Universidad de Virginia), destacan que las evidencias empíricas para apoyar su uso en el ámbito educativo tampoco son sólidas. 

Este último autor, cree que es importante y necesario que se tengan en cuenta la habilidades no cognitivas en el contexto educativo (motivación, habilidades sociales, deportivas, etc.), sin embargo, cuestiona el uso de la palabra inteligencia. Señala que el gran éxito de la teoría se encuentra en haber nombrado las diferentes habilidades (musicales, atléticas o interpersonales) como inteligencias, lo que lo ha asociado a una connotación de éxito. 

Referencias