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Ernesto Espíndola, Daniel Valencia y Guillermo Sunkel trabajan en la División de Desarrollo Social de la CEPAL. El presente texto muestra las conclusiones de un documento más extenso realizado a partir de un convenio con la Fundación SM. El informe puede encontrarse

Avances pero desigualdades educativas

Los avances en acceso a los sistemas educativos, la mejoría en la progresión en los mismos, la disminución del retraso escolar, la reducción de las tasas de abandono escolar, el aumento en la conclusión de la educación secundaria y la expansión del acceso a educación postsecundaria han sido fruto de múltiples factores: el crecimiento económico y la mejoría en las condiciones de vida de las familias, las políticas públicas que han puesto esfuerzos importantes en el aumento de la cobertura educativa y el consiguiente incremento sistemático del gasto público en esta área.

Ciertamente, dichos avances en muchas ocasiones no han ido a la par con la expansión de capacidades institucionales, incluyendo infraestructura, equipamiento, dotación de profesores y mejoría de sus condiciones de trabajo y salariales, fortalecimiento de equipos directivos, e innovaciones curriculares y pedagógicas necesarias para acompañar adecuadamente la expansión del acceso educativo hacia poblaciones de menores recursos.

Esto ha significado que los sistemas escolares no han sido suficientemente efectivos para disminuir los efectos de las desigualdades socioeconómicas familiares en la trayectoria educativa y aprendizajes de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Más bien los han tendido a reproducir, en parte por factores estructurales asociados al incremento de la oferta educativa precisamente a poblaciones menos favorecidas. Al no existir políticas públicas efectivas para revertir estas desigualdades, se produce una alta segregación escolar ya que las escuelas tienden a ser bastante homogéneas respecto del estatus socioeconómico de sus estudiantes. Esta situación reproduce en definitiva la estructura social con sus diferencias de recursos y oportunidades.

Desigualdades en los estudios postsecundarios

Un buen ejemplo de estas desigualdades se manifiesta al comparar el acceso y la finalización de los estudios postsecundarios entre jóvenes de diferentes quintiles de ingreso familiar (I: más bajo; V: más alto)

Gráfico. América Latina (18 países): Acceso a educación postsecundaria entre jóvenes de 20 a 24 años de edad, y culminación de al menos 4 años de estudios postsecundarios entre jóvenes de 25 a 29 años de edad, alrededor de 2016. (En porcentajes)

Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), sobre la base de Banco de Datos de Encuestas de Hogares (BADEHOG).
a/ Promedio simple de los países.

Impacto de las tecnologías digitales en el aprendizaje

Por otro lado, la introducción de tecnologías digitales en el mundo educativo ha distado mucho de tener los efectos esperados en cuanto a aprendizaje, siendo más bien condición necesaria el acceso a dichas tecnologías a nivel familiar para su aprovechamiento en la escuela. Sin embargo, el acceso en el entorno familiar está obviamente asociado al nivel socioeconómico de las familias, lo que obstaculiza su democratización y principalmente su uso para fines más allá de los recreativos y comunicacionales.

El papel clave de los docentes

De todas maneras, para que los jóvenes puedan desarrollar las competencias y habilidades necesarias para un aprovechamiento educativo de las tecnologías digitales, o lo que también se denominan como habilidades TIC para el aprendizaje, se ha destacado reiteradamente que el docente juega un rol fundamental. Sin embargo, no ha existido un acompañamiento sostenido a los docentes para apoyar el uso educativo de las TIC. Lo anterior se debe en gran medida a la falta de la incoporación de las TIC en la formación inicial docente y su abordaje, principamente a través de capacitaciones de carácter remedial. Los mismos estudiantes perciben la necesidad de que estas nuevas tecnologías sean incorporadas de buena manera al sistema educativo, ya que han considerado que los profesores no han facilitado el proceso de enseñanza y aprendizaje a través de estas.

Sin duda, el profesor sigue siendo la figura central del aprendizaje. Su rol es mucho más efectivo al usar las tecnologías digitales para el desarrollo de habilidades de contenido (y no sólo funcionales) si adopta métodos de enseñanza más cercanos a una visión pedagógica constructivista, progresista u orientada al aprendizaje para la vida.

Cambios en el sistema educativo

Pero los cambios esperados como efecto del apoyo de las nuevas tecnologías no son responsabilidad sólo del profesor, sino del sistema educativo completo. Esto requiere un enfoque sistémico para el cambio en educación. Por lo tanto, se deben desarrollar líneas de acción en todos los niveles que garanticen el acceso a la infraestructura y recursos adecuados, así como los apoyos técnicos, formativos y organizacionales pertinentes.

Un mayor aprovechamiento del uso de las tecnologías digitales requiere condiciones de acceso adecuadas, donde las actitudes, visiones y capacidades de los docentes permitan que se pueda dar una adecuada integración de estas al currículum escolar. Además, la dirección del centro educativo debe jugar un rol activo para facilitar el uso de las tecnologías digitales en todas las disciplinas que se impartan en este espacio. Junto a ello, es esencial formar al cuerpo docente más allá de una alfabetización digital, entregándoles herramientas para que puedan desarrollar la capacidad de utilizar la tecnología de manera innovadora en el proceso de enseñanza.

Los cuatro pilares del aprendizaje

Por último, cabe resaltar la importancia de una adecuada integración de las tecnologías digitales en el aprendizaje de los y las estudiantes, ya que estas se presentan como unas herramientas que proporcionan ciertas ventajas para promover los “cuatro pilares del aprendizaje”: para el “aprender a conocer”, las tecnologías digitales se ofrecen como un medio de información, una herramienta para el acceso al nuevo conocimiento y de selección y evaluación de información; para el “aprender a ser”, las tecnologías digitales pueden ser utilizadas como un medio de expresión, de generación de la propia palabra y de protagonismo y participación; para el “aprender a hacer”, pueden contribuir a la solución de problemas, al desarrollo de distintas producciones y como una herramienta de creatividad; mientras que para el “aprender a vivir juntos”, funcionan como un medio para la comunicación, el trabajo cooperativo, las producciones colectivas, el desarrollo de la ciudadanía y la participación social.