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Tipos de estrés

El estrés se refiere a la tensión que sufre un organismo, en este caso una persona, ante situaciones que le es difícil manejar y que alteran su bienestar físico y emocional. No cabe duda alguna de que la situación que estamos viviendo por el coronavirus y por el confinamiento durante varias semanas puede provocar a un amplio número de personas, incluidos los niños, una reacción de estrés.
 
La literatura científica habla de tres tipos de estrés (National Scientific Council of the Developing Child. 2014. Excessive stress disrumpts the arquitecture of the developing brain).

    • El primero es el estrés positivo, lo que indica que no siempre es perjudicial. En ocasiones es beneficioso porque ayuda al organismo a adaptarse a las situaciones cambiantes de su entorno.Activarse para realizar un examen o una tarea que supone un reto son ejemplos cercanos de un estrés positivo.
    • Un segundo tipo de estrés es el denominado tolerable. En estos casos, las situaciones estresantes pueden ser más perjudiciales, como las condiciones de vida agobiantes por las dificultades sociales y económicas que se viven en la familia o por la muerte de un familiar. Se habla de estrés tolerable porque se produce en un ambiente de apoyo afectivo al niño y de comunicación por parte de su familia, lo que facilita que se pueda afrontar con más seguridad y confianza el impacto de la situación.
    • El tercer tipo es el estrés tóxico, el más perjudicial. Supone la activación continuada del organismo ante situaciones difíciles de controlar por parte del niño sin que encuentre adultos que le den confianza y seguridad y que le acompañen para hacer frente a la situación de estrés. El abandono y el maltrato físico o psicológico se encontrarían en este tipo. Si el estrés es prolongado, sus efectos en los niños reducen el ritmo del desarrollo cerebral y provocan alteraciones importantes en el sistema neuroendocrino de respuesta al estrés y en las estructuras cerebrales más estrechamente vinculadas con el desarrollo socioemocional y la empatía.

No todas las personas experimentan estrés ante la misma situación. Su nivel y su impacto depende principalmente de tres factores: el primero, las características de la situación estresante, su intensidad y duración; el segundo, las dificultades de las personas para afrontar esta situación; y el tercero, los factores protectores o de riesgo existentes. Veamos cada uno de ellos en relación con el coronavirus y el confinamiento. Al final, plantearemos dos propuestas educativas.

Coronavirus y confinamiento: una situación potencialmente estresante

El coronavirus y el confinamiento pueden provocar un importante efecto emocional en los niños. Algunos pueden manifestar este impacto en los primeros días, otros podrían manifestarlo en semanas posteriores, mientras que un tercer grupo pueden adaptarse sin especiales dificultades a esta situación.

Aunque el coronavirus y el confinamiento es común a todas las personas, su vivencia en cada familia es muy variable, pues depende de cómo les afecte: la muerte de un ser querido en el tiempo del confinamiento; la experiencia de contagio de uno mismo o de algún familiar o el temor a ser infectado; las dificultades para gestionar de forma tranquila y equilibrada el confinamiento; los problemas sociales y emocionales que han existido en la familia o en alguno de sus miembros y que se manifiestan ahora con mayor crudeza; la inseguridad por la pérdida del empleo, la reducción de ingresos o la anticipación de un futuro incierto. El coronavirus y el confinamiento impactan directamente a los niños, pero también y muy especialmente a través de cómo están influyendo en su familia.

Diferencias individuales para afrontar esta situación

La forma como un niño reacciona y los signos comunes de sufrimiento emocional pueden variar según la edad del niño, sus experiencias previas y cómo el niño afronta normalmente el estrés. Estas diferencias son debidas a los siguientes factores:

  • El temperamento y la sensibilidad emocional de cada niño
  • Los temores ante la posible pérdida de sus familiares más próximos.
  • Las competencias sociales del niño.
  • La capacidad de expresar sus emociones y de comunicar sus preocupaciones y sus temores.
  • Las experiencias que está viviendo en estas semanas de confinamiento.
  • Las actividades que desarrollan a lo largo del día, tanto corporales como intelectuales.
  • Las experiencias gratificantes vividas cada día.
  • Los amigos y compañeros con los que se comunica
  • El mayor peso de los factores protectores frente a los de riesgo.

Factores protectores: la familia y los amigos

La familia tiene un papel muy importante para cuidar a sus hijos y limitar el impacto de la nueva situación que están viviendo por la pandemia y por el confinamiento Nos referimos a los familiares próximos, padres y hermanos, pero también a aquellos que no viven en el hogar familiar: abuelos, tíos, primos. El artículo de Evelyne Josse publicado en Eduforics Niños y adolescentes cnofinados, instrucciones de uso ofrece pistas muy adecuadas para las familias.

También los amigos y compañeros del niño pueden jugar un papel importante para hacer frente a los efectos de esta situación.

Los principales factores protectores podrían resumirse en los siguientes:

    • Familia relajada, afectuosa y tranquilizadora, que da seguridad.
    • Capaz de favorecer la expresión de las emociones y la comunicación con sus hijos.
    • Dispuesta a impulsar actividades comunes y a establecer rutinas flexibles.
    • Interesada en que sus hijos tengan relación virtual con otros familiares y también con sus amigos y compañeros.
    • Flexible para adaptarse a la situación emocional de su hijo y para facilitar refuerzos positivos (juegos, movimiento, algún capricho de alimentación) que generen endorfinas y satisfacción.
    • Preocupada por ser un buen ejemplo para sus hijos.
    • Dispuesta a proporcionar a sus hijos recursos variados para ocupar su tiempo: tablet, juegos, lecturas…
    • Que puede y se preocupa por asegurar una alimentación suficiente y equilibrada
    • Niños con una red de amigos y de compañeros con los que se comunica de forma habitual.
    • Niños con profesores que se comunican con ellos no solo por los aprendizajes escolares, sino también para conocer su situación personal y proporcionarles una vía de comunicación, sobre todo con aquellos alumnos en condiciones de mayor riesgo.

Factores de riesgo

Los factores de riesgo son aquellos que agravan el impacto de la situación estresante. Los más relevantes son los siguientes:

  • Conflictos familiares continuos.
  • Problemas emocionales, trastornos mentales o de adicción en alguno de los miembros de la familia.
  • Conductas de maltrato a la pareja o a los hijos.
  • Falta de afecto.
  • Ausencia de comunicación.
  • Insuficiencia de recursos familiares para la alimentación.
  • Escasa variedad de estímulos y de actividades.
  • Dificultades del niño para contactar con sus compañeros.
  • Niños habitualmente solitarios o aislados.
  • Niños que han sufrido maltrato en su centro educativo.
  • Niños en condiciones de riesgo cuyos profesores no se comunican con ellos.

En síntesis.

Niños con entornos familiares y amistosos protectores.

El posible estrés provocado por el coronavirus no va a tener un especial impacto en aquellos niños que viven en una familia afectuosa, protectora, comunicativa y estimulante y que mantienen relaciones virtuales con amigos y compañeros. Incluso se puede afirmar que saldrán emocionalmente fortalecidos si el confinamiento no se prolonga durante mucho tiempo.

Niños con entornos de riesgo.

El coronavirus y el confinamiento van a tener un efecto negativo en los niños con entornos familiares de riesgo y que no disponen del apoyo de redes educativas o amistosas.

La responsabilidad de la educación escolar para cuidar el desarrollo socioemocional de los alumnos durante el confinamiento y después.

Entender la situación emocional de los alumnos en el confinamiento.

Las directores de los centros deberían orientar a los docentes a que conversen con sus alumnos sobre su situación emocional durante el período de confinamiento y a que presten especial atención y apoyo a sus alumnos en situación de riesgo. Las clases on line y los deberes escolares no deberían ser la única preocupación.

Atención a la situación emocional de los alumnos después del confinamiento

Las Administraciones educativas deberían orientar a los centros educativos para que dediquen tiempo suficiente durante los primeros días de vuelta a clase a conversar sobre el impacto del coronavirus y del confinamiento en sus alumnos. Junto con la comunicación en clase, deberían tener prioridad aquellas actividades que refuercen la cohesión de los grupos de alumnos: deporte, música, canto, trabajos grupales y en colaboración y proyectos en la naturaleza. Puedes consultar dos entradas, una de Eduforics sobre Aprendizaje en la naturaleza y otra de la web Escuela con cerebro sobre beneficios del aprendizaje en contacto con la naturaleza.

El coronavirus y el confinamiento vuelven a subrayar la importancia de incorporar el desarrollo socioemocional de los alumnos como uno de los objetivos principales de la educación escolar.

Un ejemplo que no debe imitarse. Los días posteriores al asesinato del presidente Kennedy en los EEUU se suspendieron las clases. Cuando los alumnos regresaron al centro educativo, la gran mayoría de los profesores continuaron con el temario que habían dejado el último día de clase sin otros comentarios.