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(1) En décadas recientes, los países de América Latina han entrado en un proceso de envejecimiento sostenido de la población. Simultáneamente, los cambios asociados con el auge de la sociedad digital están transformando profundamente las formas de convivencia, de interacción social, de trabajar, de gobierno, de acceso al conocimiento, a la salud, a la educación, etc. Sin embargo, a pesar de su fuerte expansión, las tecnologías digitales no están equitativamente distribuidas entre los distintos sectores de la población en la región, lo que conlleva diversos riesgos. Entre ellos, el riesgo de la desconexión para los que se quedan “afuera” (los “off-liners”) y, junto a ello, el riesgo que la brecha digital profundice otras desigualdades económicas y sociales.

La brecha digital generacional

La “brecha digital” ha sido considerada como la separación que existe entre las personas, comunidades y países respecto al acceso a las tecnologías digitales. El concepto más amplio de “brecha digital no solo involucra el acceso a estas tecnologías sino también el uso que se les da de manera que éstas puedad impactar positivamente en nuestras vidas. El acceso y uso a las tecnologías digitales supone, a su vez, tres condiciones: la existencia y disponibilidad de infraestructura de telecomunicaciones y redes; la accesibilidad a los servicios que ofrece la tecnología; y las habilidades que permiten hacer uso de la tecnología (2). Al respecto, se ha mostrado que la amplitud de la brecha digital está muy relacionada con el nivel socioeconómico de un país. 

Además, la brecha digital (en sentido tecnológico) se encuentra estrechamente vinculada con otras disparidades socio-económico. Entre ellas, con las brechas de ingreso, geográficas (rural/urbano), de género, étnica y entre generaciones. En América Latina se han realizado estudios sobre la relación entre la brecha digital y las distintas brechas socio-económicas. En el caso de los estudios sobre la brecha digital generacional, estos se han centrado preferentemente en la relación de los jóvenes con las tecnologías digitales sin considerar de manera particular a la población de adultos mayores. En un estudio reciente (Sunkel & Ullman, 2016) se examinan algunas características de la brecha digital que separa a los adultos mayores de otros grupos etarios y los sitúa en una posición vulnerable frente a los riesgos de la desconexión, particularmente a los adultos mayores en situación de pobreza. Interesa destacar tres de ellas (3)

Primero, los adultos mayores presentan niveles de uso de internet significativamente menores que otros grupos etarios, según datos provenientes de las encuestas de hogares en los ocho países para los que existe información (4). Y las brechas son muy pronunciadas. Por ejemplo, en cuatro de estos ocho países (El Salvador, Ecuador, México y Honduras) los jóvenes declaran usar internet alrededor de diez veces más que los adultos mayores. En otros dos países (Chile y Uruguay, que son dos de los países con mayor desarrollo digital en la región y con mayores niveles de envejecimiento de la población) los jóvenes dicen usar Internet alrededor de cinco veces más que los adultos mayores. Pero además de la amplitud de la brecha, destaca que los porcentajes de adultos mayores que usan internet en la región son bajos, variando desde un 1,9% en Honduras, hasta un 12,5% en Chile y un 15,7% en Uruguay.
 
Otro rasgo es que, si bien la proporción de adultos mayores que usa internet es baja, quienes lo usan tienden a ser usuarios frecuentes (es decir, lo usan diariamente). Por ejemplo, en Chile el 74% de los adultos mayores que usa internet lo hace todos los días y en El Salvador lo hace el 72%. Los niveles de uso disminuyen en Ecuador (59%), Uruguay (53%) y Perú (49%), pero permanecen altos. Además de ello destaca que, a medida que aumenta la edad, el uso de internet en el hogar también se hace más frecuente. 
 
Por último, los adultos mayores que usan internet lo hacen para realizar determinadas actividades de forma preferente (5). El uso de internet para propósitos de comunicación es especialmente importante ya que permite mantener lazos con familiares y amigos a pesar de las distancias geográficas. También lo es para realizar actividades de entretención (como ver películas o videos, escuchar música por internet, etc.) y de búsqueda de información. En cambio, los adultos mayores no usan mayormente internet para realizar actividades financieras (por ejemplo, “online banking”) u otras actividades económicas (como realizar compras por internet) (6)
 

Programas de inclusión digital para los adultos mayores

 
¿Que están haciendo los países de América Latina para superar la brecha digital generacional y, por tanto, para que los adultos mayores no se queden “afuera”? A través de una búsqueda por internet se ha intentado identificar políticas y/o programas de inclusión digital orientados a los adultos mayores en los que haya participación de algún organismo público. Una primera constatación es que existen pocos países en la región que cuenten con políticas este tipo. Los principales programas son: el Plan Ibirapitá, el que es implementado a través del Plan Ceibal (Uruguay); el programa “Chile mayor digit@l 2.0”; y el programa “Postas Digitales” que es implementado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (7)
 
En términos generales, estos programas tienen como propósito central empoderar a los adultos mayores en el uso y apropiación de la tecnología a objeto de que ellos/as ganen en autonomía, facilitando la realización de sus actividades diarias y mejorando su calidad de vida. Para ello, en primer lugar, estos talleres ofrecen a los adultos mayores, particularmente a quienes están en situación de pobreza o vulnerabilidad, acceso físico (o “material”) a computadores e internet. Por ejemplo, las “Postas Digitales” son centros públicos distribuidos en distintos barrios de Buenos Aires equipados con computadores y conexión a internet (8). El programa “Chile Mayor Digit@l 2.0” implementa las “Plazas Digitales Ciudadanas”, que son espacios tecnológicos itinerantes diseñados especialmente para los adultos mayores (9). Y el Plan Ibirapitá entrega una tablet por adulto mayor inscrito en el programa siguiendo la lógica del modelo 1×1 (10).
 
Acompañando el “acceso material” a computadores e internet, estos programas realizan talleres de alfabetización digital orientados al desarrollo de habilidades digitales. En términos generales, en estos talleres coexisten dos enfoques. Uno, el enfoque funcional, que se refiere a las habilidades que se requieren para manejar las tecnologías digitales. Estas incluyen las habilidades operativas (es decir, las competencias que se requieren para manejar el computador o conocimiento de las teclas) y las habilidades formales (en el caso de internet, browsing and navigating) (11).
 
El otro enfoque va un paso más allá e incluye el uso de esas habilidades funcionales para desarrollar habilidades de contenido, particularmente de búsqueda de información y de comunicación (email, chatting, etc.). Por ejemplo, el programa “Chile Mayor Digital 2.0” se propone, a través de talleres de alfabetización digital, integrar a los adultos mayores en plataformas que los puedan ayudar en su vida cotidiana en actividades de comunicación con familiares y amigos, integrar grupos de adultos mayores utilizando redes sociales y aprender sobre sitios web. Además, busca promover el uso de internet entre los adultos mayores haciéndolos conscientes de las oportunidades que ofrece para mejorar su calidad de vida. Por ejemplo, haciendo uso de páginas web de gobiernos locales con información sobre programas, talleres, beneficios, trámites en línea, etc., a los cuales los adultos mayores tienen derecho (12).
 
Los programas de alfabetización digital para el adulto mayor se han propuesto también adecuar el hardware y software a las necesidades de esta población. Por ejemplo, las tablets que entregan el Plan Ibirapitá a los adultos mayores han sido diseñadas específicamente para ser amigables e intuitivas (acceso simple, texto e iconos de mayor tamaño) con los beneficiarios. Asimismo, los contenidos están agrupados en varias categorías – salud, redes sociales, trámites, juegos y otras – que responden a las necesidades de los beneficiarios (13).
 
A modo de cierre, interesa resaltar que si bien ha habido avances en términos de la oferta de programas orientados a la inclusión digital de los adultos mayores se requiere que los países de la región realicen mayores esfuerzos. Estos deben ser realizados no solo por los países que se encuentran en una etapa avanzada de envejecimiento de la población sino también por aquellos que están en etapas intermedias. A su vez, estos esfuerzos requieren una mayor participación del Estado en el diseño e implementación de programas que garanticen el derecho de los adultos mayores al acceso/uso de las tecnologías digitales. De no ser así, en América Latina se seguirán vulnerando los derechos de los adultos mayores que no están activamente involucrados en la sociedad digital, con lo cual se podrían profundizar otras desigualdades económicas y sociales.
 

Notas

1 Este artículo se basa en el documento “Older adults in the digital age in Latin America. Bridging the age digital divide” (2016), el que ha sido elaborado en co-autoría con Heidi Ullmann de la División de Desarrollo Social de la CEPAL (en proceso de publicación).
 
2 Para mayor información véase los documentos de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información la (Ginebra 2003, Túnez 2005) en: http://www.itu.int/wsis/index-es.html
 
3 Los datos que se mencionan en lo que sigue provienen del estudio de Sunkel & Ullman, 2016.

4 Los países que realizan encuestas de hogares en los que se incluye un módulo sobre tecnologías digitales son: Chile, Ecuador, El Salvador, Honduras, México, Paraguay, Perú y Uruguay.  

5 Las actividades sobre las que se pregunta en las encuestas de hogares son: búsqueda de información, comunicación (incluyendo correo electrónico y chatting), educación, entretención, banco en línea, compras y trámites.

6 Entre los factores que inhiben a los adultos mayores está el miedo a la tecnología cuando se percibe falta de confianza. En términos generales, Selwyn (2003) discute distintos factores culturalmente arraigados entre los no-usuarios de medios digitales que inhiben el uso de la tecnología.  Estos incluyen: la tecnofobia (o miedo a la tecnología), el rechazo ideológico y los discursos sobre deficiencia cognitiva. Véase: Selwyn, N (2003), Apart from technology: understanding people’s non-use of information and communication technologies in everyday life, Technology in society 25 (1):99-116.

7 Existen programas en algunos otros países de la región. Por ejemplo, los cursos de alfabetización digital en el marco del programa “Ciudadano de Oro” en Costa Rica o las” campañas de alfabetización digital para el adulto mayor” en el Perú.  Pero, en general, los programas de inclusión digital del adulto mayor en estos países tienen poca presencia o son experimentales y con escaso grado de institucionalización.

8http://www.buenosaires.gob.ar/noticias/las-postas-digitales-acercan-los-mayores-las-nuevas-tecnologias

9 http://www.senama.cl/n6094_10-06-2015.html

10 http://ibirapita.org.uy

11 Esta distinción ha sido desarrollada por Van Deursen, A and J Van Dijk (2014), en Digital Divide: Unlocking the information society. Basingstoke, U.K.: Palgrave – Macmillan.

12 http://www.senama.cl/n7035_21-01-2016.html

13http://ibirapita.org.uy/wp-content/uploads/2016/05/ampliando_horizontes_ibirapita_digital.pdf  En una línea similar el programa “Postas Digitales” se comprometió a entregar 30000 tablets a adultos mayores durante el 2016.  Además, estos dispositivos cuentan con una plataforma llamada +Simple que permite que los adultos mayores todas las funcionalidades disponibles con mayor facilidad. La herramienta cuenta con ocho secciones útiles para los adultos mayores: noticias, salud, red social, mis cosas, diversión, cultura y trámites. Véase: http://www.redusers.com/noticias/gobierno-porteno-entregara-30-000-tablets-adultos-mayores/