La compañía de ópera Kids Stars del CEIP La Fuencisla representa su ópera en el Teatro Real

foto pedro fondo blancoPedro Sarmiento estudió piano en el Conservatorio de Madrid e Improvisación Contemporánea en New England Conservatory, Boston. Ha sido asesor pedagógico del Teatro Real, director del Centro de las Artes y coordinador del Máster en Práctica Escénica y Cultura Visual de la Universidad de Alcalá, ha dirigido la Escuela Municipal de Música y Danza de Talavera de la Reina y ha presidido UEMYD, asociación española de escuelas municipales de música y danza. Da conciertos y ha editado discos con el Dúo Iberia, el Boston Art Quartet y otros. Desde 2008 coordina LÓVA. 


 

Los simuladores de vuelo que utilizan las escuelas de aviación evitan accidentes y salvan vidas, pero también nos proporcionan una metáfora para entender la escuela: ¿cuándo debe parecerse la escuela a un simulador de vuelo y cuándo debe poner a niñas y niños a los mandos de un vuelo real?

Ciento cincuenta docentes de catorce comunidades autónomas han propuesto a su clase volar de verdad, y lo han hecho convirtiendo su clase en una compañía de ópera. Es una experiencia que se ha llevado a más de doscientas aulas desde 2007 con el objetivo de convertir el año escolar en una experiencia transformadora para niñas y niños, pero también para su profesora o profesor.

Se llama LÓVA (La Ópera, un Vehículo de Aprendizaje) y consiste en dedicar el curso completo a crear desde cero, producir y estrenar una ópera. Una ópera en cuyos estrenos docentes, madres, padres y colaboradores se sientan entre los espectadores mientras la compañía (regidoras, maquilladores, intérpretes, músicos, iluminadoras, relaciones públicas, documentalistas, directoras de producción, figurinistas, escenógrafos, etc.) hace su trabajo.

“No somos una compañía sólo en clase, también en el patio. Somos compañeros. Somos personas”. Lo ha escrito Emma, una niña que acaba de terminar 4º de primaria y ha sido directora de producción de su compañía en el CEIP Virgen de la Paz (Collado Mediano, Madrid).

Cuando hace LÓVA, la clase dedica todo el curso a ir superando etapas que dan sentido al proyecto. A grandes trazos, se trata de tres fases que casi coinciden con tres trimestres y con tres preguntas: (1) ¿quiénes somos y qué queremos contarle al mundo? (2) ¿Qué necesitamos aprender? (3) ¿cómo unir todas las piezas para estrenar nuestra ópera?

Más en detalle, estas tres etapas encierran un trabajo ingente, porque LÓVA es un proyecto compuesto de múltiples subproyectos: dar un nombre y crear un logotipo para la compañía, indagar las emociones, conocer las diferentes profesiones para crear una ópera, definir y acordar el tema principal de la ópera, elegir y distribuir los diferentes trabajos, aprender a desempeñar diez profesiones, escribir el libreto, participar en dinámicas y retos colectivos, reflexionar sobre qué y cómo se está aprendiendo, solucionar conflictos, fabricar focos, crear vestuario, construir decorados, difundir el trabajo de la compañía, recaudar fondos, ensayar, etc.

La formación inicial (cursos en el Teatro Real de Madrid y en el Palau de les Arts de Valencia del 1 al 8 de julio) ayuda al profesorado a trazar un rumbo, pero a la vez deja un espacio abierto para generar experiencias diferentes en función de la composición o edad del grupo, de las características del centro y, sobre todo, de las prioridades que se marcan la profesora o el profesor y el centro.

Presentación en el Teatro Real de la ópera “El verdadero tesoro” de los alumnos del Colegio Jorge Guillén

 

Fue una docente, Mary Ruth McGinn, quien trajo LÓVA a España y son docentes quienes hacen que exista, le dan forma y lo difunden. LÓVA tiene su origen en programas educativos iniciados en Estados Unidos (Creating Original Opera) y Reino Unido (Write an Opera) hace más de treinta años. En España se ha hecho en educación infantil, primaria, secundaria y especial.

Uno de los rasgos distintivos de LÓVA es que, pese a tratarse de un proyecto que recibe apoyo institucional (Fundación SaludArte, Teatro Real, Palau de les Arts, Amigos de la Ópera, Fundación Daniel y Nina Carasso), se define a sí mismo a través de la acción de docentes de toda España. Salvando excepciones en las que se ha usado de forma rocambolesca el nombre del proyecto (como un centro que presentó LÓVA como la adaptación de un musical de Disney), es la red de docentes la que establece de forma colaborativa las pautas que lo validan y definen: cómo atender la diversidad, cómo integrar el proyecto en el currículo, cómo delegar responsabilidad, cómo confiar en la capacidad de la compañía, cómo prestar atención al desarrollo emocional, cómo secuenciar los pasos, cómo coordinar las profesiones y una larga lista de consejos y recursos que intercambia una red que comenzó con siete personas y hoy se acerca a las doscientas.

Confianza y altas expectativas

LÓVA convierte el curso escolar en un ejercicio de confianza, en una apuesta que hace la tutora o tutor de la clase por las capacidades de sus alumnas/os. Al invitar a su clase a crear su propia ópera, confía en que va a trabajar en equipo, resolver todo tipo de problemas, desempeñar roles profesionales y culminar con éxito el empeño. La profesora que hace LÓVA se expone y comparte con su clase el vértigo, pero también el placer de volar sin simulador durante un curso completo. Confía en llegar al estreno y rompe de forma decidida con estereotipos y prejuicios acerca de qué es capaz de hacer una comunidad de alumnas/os.

¿Calidad, qué calidad?

Las personas adultas aceptamos mejor la calidad de lo “amateur” en adultos que en niñas/os. Toleramos con comprensión que el coro del barrio, el grupo de teatro que ensaya en el centro cultural, o la cuñada que escribe poemas no alcancen un alto nivel artístico. LÓVA es ópera de aficionados/as de 5 a 16 años y hay algo que nos impide aceptarlo. Nos impide aceptar que no es un proyecto supeditado ni a la búsqueda ni a la exhibición de habilidades artísticas, sino que el objetivo es el desarrollo de aquellas habilidades que nos definen como personas: amor, empatía, curiosidad, sociabilidad, autoconciencia, creatividad, tesón, madurez emocional… ninguna de ellas, por cierto, observadas ni medidas en tantas pruebas que dicen medir la calidad de nuestras escuelas.

Los docentes que han construido con su trabajo lo que hoy es LÓVA huyen de una escuela que presenta la realidad como algo acabado que hay que “aprenderse” y crean espacios de libertad en los que florece un aprendizaje complejo, duradero y transformador. Volar no sólo es posible: es necesario, porque, como dice Emma, “Somos compañeros. Somos personas”.

Entrevista con alumnas del Proyecto LÓVA en el CEIP El Quijote.