El alumnado con dificultades de comportamiento en el aula, tiene una casuística muy variada y pueden presentar diferentes tipos de variables, desde problemas de aprendizaje, hasta desmotivación o problemas emocionales. Según un informe de la OCDE sobre el alumnado con fracaso escolar y dificultades de adaptación, podría explicarse por la interacción de tres tipos de variables:
  • Psicológicas: referidas a los factores cognitivos y psicoafectivos del alumno.
  • Socioculturales: relativas al contexto social del alumno y a las características de su familia.
  • Institucionales: basadas en la escuela: métodos de enseñanza inapropiados, currículo pobre, escasos recursos.

A continuación nos gustaría recomendar una serie de ideas y recursos para comenzar a trabajar con el alumnado con dicho perfil. 

1. Conocer las redes sociales del alumnado conflictivo

Existe un perfil de alumnado más complicado entre cuyos objetivos principales se encuentra conseguir un alto estatus social (Eder, 1985) y una posición dominante en el grupo de iguales  (Pellegrini, 2002). Los alumnos disruptivos justifican sus comportamientos al creer que ayudan a mejorar su estatus, además de ser percibidos por sus compañeros como poderosos y populares. La mayoría de ellos se mueven en un rango que va desde la impopularidad en el grupo hasta presentar un estatus controvertido (una serie de compañeros les apoyan y otro amplio grupo de compañeros les rechazan). En ocasiones, forman un núcleo duro en el aula con dos o tres compañeros más en donde se refuerzan mutuamente con intensidad su conductas. 

2. Evitar las escaladas coercitivas

Los comportamientos disruptivos del alumnado podrían generar una reacción coercitiva basada en el castigo, por parte del profesorado si no existen las herramientas o el contexto adecuados para resolver el problema. Esto podría desembocar en un círculo negativo que puede conducir a escaladas de comportamiento agresivo entre alumnado y profesorado. Dichas conductas estarían destinadas a demostrar el propio poder a la otra parte, que el profesor justificaría aludiendo a la necesidad de disciplina y el alumnado como una defensa ante los abusos que perciben recibir del profesor.

El uso de técnicas que incluyen el uso consistente de premios y recompensas, y el establecimiento en el aula de reglas y consecuencias claras, pueden reforzar el comportamiento adecuado en clase y reducir la conducta disruptiva de los alumnos, mientras que el uso muy repetido de reprimendas y correcciones pueden elicitar más disrupción (Nelson y Roberts, 2000).

 

 

 

3. Crear un acuerdo conductual

Es importante que el profesorado realice un compromiso de conducta y consecuencias con los alumnos que han realizado comportamientos disruptivos. Este consiste en un acuerdo por ambas partes en el que se especifican las conductas que el alumno está de acuerdo a realizar y las consecuencias que obtendrá por realizarlas o no.

 

 

4. Transformar el liderazgo negativo en positivo

El alumnado con este perfil tiende a demandar un mayor nivel de atención y protagonismo en comparación del resto de compañeros. Sus comportamientos disruptivos (y/o de acoso) buscan aumentar su estatus social y conseguir mayor poder y protagonismo entre sus iguales. Es necesario plantear el hecho de establecer un vínculo diferente con el alumno e intentar comprender esa necesidad de protagonismo que presenta permitiéndole transformar su liderazgo negativo en uno positivo. Para ello, es recomendable encargarle tareas que le hagan sentir importante en el grupo, modificando su rol disruptivo o protagonista.