El bullying o acoso escolar, es un término acuñado en los años setenta por el investigador Dan Olweus y  plantea que un estudiante lo sufre cuando está expuesto a conductas agresivas por parte de uno o más estudiantes, dichas acciones se producen de un modo repetido en el tiempo, existe un desequilibrio de poder en ambas partes y hay intencionalidad en los actos.


El acoso escolar comprende desde conductas agresivas de tipo social (como por ejemplo hacer el vacío, rechazar o realizar ostracismo sobre alguien), pasando por conductas de tipo verbal (como insultar, poner motes o mofarse de alguien) hasta conductas de tipo físico (como pegar o empujar). Las cifras sobre su prevalencia son muy variables, debido entre otras cosas a los diferentes tipos de cuestionarios utilizados. En España, el Estudio Estatal de la Convivencia utilizando un listado de ítems adaptados del cuestionario original de Dan Olweus, encontró que aproximadamente un 3,8 % del alumnado de educación secundaria sufría acoso escolar (Díaz-Aguado, Martínez Arias, Martín, 2010).

El acoso escolar es un proceso grupal

El acoso escolar puede controlarse y modificarse conociendo la estructura del grupo y las reglas del proceso. En la mayoría de los casos el acosador y la víctima pertenecen al mismo grupo de clase. Aproximadamente, en el 90 % de los casos según Estudio Estatal de la Convivencia (Díaz-Aguado, Martínez Arias & Martín, 2010) y en más del 80 % de los casos según datos recogidos a través del programa KiVA (Salmivalli & Peets, 2008). Respecto al ciberbullying, las cifras todavía no son tan claras, si bien una parte importante de los investigadores señalan que este fenómeno es una extensión del bullying tradicional que se produce en el grupo de clase.

La situación de la mayor parte de las víctimas de bullying suele aparecer asociada a una falta de amigos y a un elevado rechazo dentro del grupo de clase, tal y como respaldan diversos investigadores (Pellegrini, Bartini, & Brooks, 1999). Este patrón se repite a través de diferentes grupos de clase y de los diferentes centros independientemente del nivel socioeconómico, de la titularidad (privado, concertado o público) y del tipo de zona en el que se encuentran (rural/urbana) .  Salmivalli, Lagerspetz, Björkqvist, Österman, y Kaukiainen (1996), señalaron que el acoso escolar puede ser estudiado a través de los papeles que adoptan cada uno de sus actores. Los compañeros, pueden intervenir de diversas formas en las conductas de acoso, bien sea ayudando al que inicia el acoso, disfrutando de la situación sin participar o bien ayudando a la víctima. El alumno durante la situación de acoso, adopta un papel que es determinado por diversos factores como por ejemplo el estatus social dentro del grupo. Estos autores plantean cinco roles de participación:

– Acosador o actor principal en la conducta de acoso

– Ayudante, secuaz o estudiante que ayuda a acosar

– Reforzador o quien apoya al que acosa

– Defensor que protege al acosado

– Observador neutro que se mantiene al margen de la situación de acoso.

Modelo del triángulo de Stratchclyde

Considerando la existencia de diversos alumnos con diferentes grados de participación, algunos autores han analizado este fenómeno desde modelos basados en  el comportamiento grupal considerando los objetivos y las normas del grupo (Salmivalli, Voeten, & Poskiparta, 2011) . Según la teoría del dominio social, el acoso escolar se plantea como una forma de obtención de estatus social por parte de los agresores dentro del grupo de clase (Pellegrini y Long, 2002). Desde este punto de vista las conductas agresivas formarían parte de los recursos utilizados para obtener una buena posición por parte de los agresores entre los iguales y  podría ser contempladas de un modo positivo por el resto de compañeros. Teniendo esto último presente, el modelo del triángulo de Strathclyde explica el acoso escolar como un proceso grupal dinámico con una serie de etapas desde un estadío inicial hasta el momento en el que se consolida como un caso (Sullivan, Cleary & Sullivan, 2005) . En las siguientes figuras se explica el fenómeno desde esta perspectiva.  

Referencias

Díaz-Aguado M. J. , Martínez Arias R. y Martín J. (2010) Estudio Estatal sobre la Convivencia Escolar en la Educación Secundaria Obligatoria. Madrid: Ministerio de Educación.

Olweus, D. (1993). Bullying at school: What we know and what we can do. Cambridge, Massachusetts: Blackwell.

Pellegrini, A. D., Bartini, M., & Brooks, F. (1999). School bullies, victims, and aggressive victims: Factors relating to group affiliation and victimization in early adolescence. Journal of Educational Psychology, 91, 216–224.

Salmivalli, C., Lagerspetz, K., Björkqvist, K., Österman, K., & Kaukiainen, A. (1996). Bullying as a group process: Participant roles and their relations to social status within the group. Aggressive Behavior, 22, 1–15.

Salmivalli, C., & Peets, K. (2008). Bullies, victims, and bully-victim relationships. In K. Rubin, W. Bukowski, & B. Laursen (Eds.), Handbook of peer interactions, relationships, and groups (pp. 322-340). New York, NY: Guilford Press.

Sullivan, K.; Cleary, M.; & Sullivan, G. (2005). Bullying en la enseñanza secundaria. Cómo se presenta y cómo afrontarlo. España. Ediciones CEAC-Planeta.