Janet Rose. es especialista en educación infantil, directora de Borland College y colaboradora de la Bath Spa University. Ha dirigido diversos proyectos orientados a promover la regulación emocional infantil, las conductas prosociales, el bienestar y la resiliencia.  Pertenece al Consorcio para el bienestar emocional en las escuelas en el Reino Unido, que ofrece capacitación sobre el estudio del apego y la práctica informada sobre trauma. Es colaboradora de The Conversation en donde ha publicado el presente artículo que hemos adaptado en Eduforics.

Imagina un aula en donde los niños no pueden esperar su turno o atender a la tarea. Se distraen con facilidad, no recuerdan las instrucciones básicas o no mantienen la información en su cabeza para resolver diversos problemas (habilidades básicas para que los docentes puedan enseñar con éxito). Todas estas dificultades son ejemplos de problemas que pueden surgir de dificultades con el apego, basados ​​en la relación entre los niños con su cuidador principal (la madre o el padre habitualmente).

La teoría del apego es una de las más investigadas dentro del área de la psicología del desarrollo. Fue propuesta por primera vez por el psiquiatra británico John Bowlby, quien consideró que los niños necesitaban desarrollar un vínculo seguro con su cuidador principal a través de una atención y apoyo consistente,  sensible, apropiado y predecible.

La investigación ha demostrado que los vínculos seguros crean procesos mentales que permiten a un niño regular las emociones y sintonizar con los demás. Los niños con apego seguro muestran mayor autocomprensión y perspicacia, empatía por los demás y un razonamiento moral apropiado.

A su vez, estos procesos sirven de base para el desarrollo de las funciones ejecutivas. Esto implica una variedad de habilidades clave (muchas de ellas relacionadas con las funciones ejecutivas) que les permiten a los niños enfocar, mantener y manipular información, resolver problemas, tomar decisiones, persistir en las tareas, inhibir el comportamiento impulsivo, establecer objetivos y monitorear su progreso. Estas son todas las habilidades necesarias para el aprendizaje académico en el aula.

El trauma tiene su precio

Los apegos inseguros se desarrollan si las interacciones tempranas entre un niño y su padre o cuidador principal son negativas, inconsistentes o más insensibles. También pueden desarrollarse, si el padre no responde, es inapropiado o es impredecible en la interacción con el niño. Esto puede tener consecuencias desafortunadas para los logros de un niño en la escuela (ej: cuando una madre o un padre no atiende o no está disponible para atender al bebé o al niño e interactúa con un número de reducido de ocasiones cuando éste demanda un mayor contacto o interacción). Los niños con apego inseguro suelen tener un rendimiento académico más bajo, muestran una menor competencia social, están menos dispuestos a afrontar desafíos o tareas  nuevas y presentan con más frecuencia un diagnóstico de TDAH y o conductas de riesgo durante la adolescencia.

Los niños que han experimentado un trauma relacional temprano, en particular, parecen tener dificultades para desarrollar habilidades efectivas de funcionamiento ejecutivo. A menudo tienen una capacidad reducida para planear con anticipación, inhibir el comportamiento inapropiado y autoreflexionar. También suelen tener poca concentración, son inquietos y luchan con las relaciones. En el siguiente artículo puede encontrar más información sobre cómo la negligencia o una relación deficiente con el cuidador principal durante el desarrollo implica una sobreestimulación del sistema límbico o cerebro emocional (más concretamente a la amígdala y el hipocampo) y cómo esto afecta a una actuación deficiente de las funciones ejecutivas (funciones sostenidas principalmente por la actuación de la corteza frontal y prefrontal). 

La investigación sobre el apego indica que al menos un tercio de los niños tiene un vínculo inseguro con al menos un cuidador, lo que a su vez puede afectar su desempeño y comportamiento escolar. Un estudio en 2004, de 162 niños de escuelas primarias que vivían en Clackmannanshire, indicó que el 98% había experimentado uno o más eventos traumáticos (como un divorcio o un accidente) y que uno de cada cuatro mostraba trastornos conductuales o emocionales. Otros estudios han sugerido que una gran proporción de niños con TDAH puede tener problemas de apego.

Hacer conscientes a los maestros

La teoría del apego es bien conocida por los profesionales de la salud y de los servicios sociales, pero los docentes han tenido menos contacto con esta teoría. Los maestros pueden malinterpretar a los niños con apego inseguro como poco cooperativos, agresivos, exigentes, impulsivos, retraídos, reactivos o impredecibles. Por lo tanto, es importante que los maestros comprendan mejor este comportamiento y algunas de sus posibles causas.

Las investigaciones sobre el apego están centrando su atención sobre la relevancia que tiene para el maestro de clase y sus alumnos. En numerosas escuelas en el Reino Unido se están implementando nuevas formas de pensar, que incluyen adoptar estrategias para toda la escuela, así como intervenciones específicas con niños individuales basadas en los principios y los procesos de apego.

Los ejemplos de intervenciones incluyen el uso del entrenamiento emocional (cómo comunicarse durante los episodios de problemas conductuales), establecer grupos de entrenamiento en crianza y también utilizar estrategias de terapia familiar diseñadas para reforzar el apego entre padres e hijos. Estos programas de actuación basados en un “conocimiento sobre el apego” están arrojando algunos resultados prometedores. Entre ellos se incluyen reducciones significativas en los problemas  de comportamiento en el aula, una mayor ayuda por parte del profesorado, mejoras en las calificaciones de matemáticas y lenguaje  , así como un mayor bienestar emocional tanto en los niños como en el personal de la escuela.

Estos resultados sugieren que este tipo de estrategias ofrecen soluciones que pueden mantenerse estables a largo plazo y son más rentables que muchos de los programas existentes para reducir las dificultades de comportamiento en el aula.

Tal como señala un jefe de estudios participante en una de las intervenciones sobre entrenamiento emocional en apego: 


Nos centramos en un grupo de niños con una serie de necesidades y comportamientos que encontramos difíciles de identificar, hasta que comenzamos a aplicar conocimientos relacionados con la teoría del apego. Esto desbloqueó a estos niños y nos permitió entender lo que estaba pasando con mucha mayor claridad. Como consecuencia de ello hemos podido avanzar mucho más con ellos.


Algunos críticos podrían considerar que las “escuelas conscientes del apego” distraerán a los docentes de su enfoque en la adquisición de conocimiento, pero no estamos abogando para que los docentes se conviertan en terapeutas o que se hagan cargo de los roles de los padres. Sin embargo, consideramos que la teoría del apego abre nuevas oportunidades para que los maestros revisen las formas tradicionales de manejar el comportamiento de los niños y adquieran nuevos conocimientos y soluciones en beneficio de los alumnos y los docentes por igual.