Gema Paniagua es coordinadora de una iniciativa de familias y profesionales de escuelas infantiles y equipos de atención temprana.


Los niños muy pequeños (0-3 años) no son conscientes del por qué del confinamiento, pero de alguna forma notan que las cosas han cambiado y que sus familiares están nerviosos, preocupados…  

Según la forma de ser de nuestra hija o hijo, es NORMAL que aparezcan algunas de estas reacciones:

“Mamitis”… o “papitis”: Solo quiere estar con….

Intenta que pase ratos en compañía de otro adulto  con las actividades que más le gusten: el baño, sus juguetes preferidos…

Pide más que de costumbre los objetos que le dan seguridad: su mantita, su chupete…

Sé flexible, dentro de unos límites.

Busca mucho contacto físico, pide brazos….

Para no destrozarnos la espalda, de vez en cuando ¡cuerpo a tierra!. Con tu cercanía, se sentirá seguro y podrá empezar a jugar.

Tiene más rabietas o llanto que antes

Intenta no enfadarte, acompañarle, poner palabras a lo que le pasa… Pero procura no ceder: si consigue las cosas llorando o pataleando, esta se convertirá en su forma de pedir más eficaz.

Está especialmente inquieto y movido.

Favorece las actividades de movimiento pero también invítale a relajarse. Puede ser la oportunidad para aprender yoga o masaje para niños en internet.

Está perdiendo la autonomía que ya tenía para comer, desvestirse…

A veces es una forma de reclamar atención, pero muchas veces somos los adultos los que nos adelantamos. Recuerda que conseguir hacer solos las cosas es fuente de satisfacción y autoestima.

A la hora de comer, está desganado y caprichoso.

Evita el picoteo. Si hay que hacer un tentempié, mejor que sea de fruta.

Le cuesta jugar solo…

Jugar y experimentar a solas es tan fundamental como hacerlo acompañado. Cuando veas que está metido en su juego, disfrutando, no intervengas; tu cercanía es suficiente.

Reclama constantemente la TV, el teléfono… siendo motivo de conflicto.

Recuerda que antes de los 18 meses no deberían utilizarse pantallas. Es normal que en estos días abramos un poco la mano, pero fija unas normas: un rato de dibujos por la tarde o el uso del teléfono solo para contactar con los abuelos, etc.

Tu bebé puede extrañar una cara conocida si lleva mascarilla.

Acostúmbrale jugando al cucú-tras para que se familiarice.

En torno a los dos años, los niños empiezan a jugar a dar de comer, poner a dormir a los muñecos, conducir…

¿Será casualidad que esté todo el día jugando a los médicos? Seguro que no… No le cambies el juego: jugar a lo que te preocupa es sano.

Y también es NORMAL que los adultos estemos a veces cansados de niños. En nuestra rutina diaria tenemos que contar con momentos sin niños, para descansar, informarnos o contactar con adultos: durante las siestas, cuando se encarga otro adulto, tiempos en que juega solo…

NO INTENTES HACERLO PERFECTO. Son momentos difíciles en los que es imposible estar alegre todo el día. Un mal día, se puede reparar. Un grito, se puede reparar. Y si te encuentras mal, pide más ayuda en la atención a los niños.

Esto es pasajero. La normalidad volverá y los niños tienen una gran capacidad de recuperación cuando viven en un entorno afectuoso.

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