Integración del enfoque de género en la educación para la ciudadanía global

Clara Maeztu Gomar – Área de Ciudadanía. Fundación Entreculturas


El escenario global actual: una oportunidad para la Educación para el Desarrollo y la Ciudadanía Global

Nos encontramos ante un contexto global claramente retador. La situación ocasionada por la COVID-19 ha subrayado los retos relacionados con la desigualdad y los derechos humanos y medioambientales a los que nos enfrentamos como humanidad, al tiempo que ha puesto de manifiesto el carácter global e interdependiente de los mismos.
Mucho se ha hablado desde marzo de 2020 de la necesidad de salir fortalecidos de esta crisis, de aumentar nuestra resiliencia y abordar la raíz de los procesos que sostienen la desigualdad, para originar transformaciones que eviten su cronificación. Esto no es posible sin fortalecer una ciudadanía crítica y comprometida, que conozca su realidad global, y cuente con las redes y recursos necesarios para actuar por la justicia social.
Es por esto que se hace más necesario que nunca trabajar por promover una Educación para el Desarrollo y la Ciudadanía Global (EpDCG), entendida como un enfoque educativo que promueve una ciudadanía informada, crítica y comprometida, interconectada con personas y colectivos de todo el mundo, que sea capaz de construir desde sus entornos locales y el trabajo en red una sociedad transformadora en la que se establezcan relaciones globales justas y equitativas.
Somos muchas las organizaciones que, conscientes del poder transformador de este enfoque educativo, llevamos años impulsando su adopción en distintos ámbitos de la educación formal y no formal. Desde Entreculturas, esta experiencia profesional nos lleva a constatar que el desarrollo potencial de la Educación para la Ciudadanía Global debe incluir ciertos paradigmas, como el de defensa del medioambiente, el decolonial y antirracista, y, por supuesto, el enfoque de igualdad de género.
Las consecuencias en magnitud y globalidad que tienen la violencia y desigualdad de género en todo el mundo, y su centralidad como reto global de nuestro tiempo, provocan que no podamos desarrollar un enfoque educativo que aspire a empoderar a la ciudadanía para que participe de forma activa en la defensa de los derechos humanos y la justicia social, sin que la igualdad de género se centralice en el corazón de su enfoque y práctica educativa. La igualdad de género nos sitúa directamente en el corazón de los derechos humanos y de la justicia social, por lo que su tratamiento es uno de los requisitos imprescindibles de cualquier proceso de EpDCG. La Agenda 2030 así lo demanda, incluyendo la EpDCG en la meta 4.7 del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 4 referido a la promoción de una educación de calidad, así como un ODS específico, el 5, dedicado a la igualdad de género.

El enfoque de coeducación en los procesos de Educación para la Ciudadanía Global

Para situar la igualdad de género en el centro de los procesos educativos, contamos con la herramienta de la coeducación, entendida como enfoque educativo que integra la perspectiva de género como eje transversal de todos los elementos del proceso de aprendizaje. Este enfoque reconfigura todos los elementos de los procesos socioeducativos, para que en estos reine el principio de igualdad y no discriminación por razón de género.
De esta manera, la opción por el enfoque de coeducación configura un tipo de educación comprometida con la construcción de entornos igualitarios y pacíficos, a través de la adopción de perspectivas críticas sobre las relaciones de género. Cuestiona prácticas sociales, roles y estereotipos discriminatorios, promoviendo así el desarrollo libre e integral de las potencialidades, intereses y capacidades de las personas, garantizando el disfrute igualitario de sus derechos y el desarrollo libre de su identidad. De esta forma, las nuevas generaciones adquieren herramientas para una convivencia pacífica libre de discriminaciones y violencias, abordando otros retos globales, además de aquellos directamente relacionados con la igualdad de género.
Para garantizar que la coeducación se integra en los procesos socioeducativos, el diseño de todos los elementos del proceso de enseñanza-aprendizaje debe realizarse teniendo en cuenta el enfoque de género. Para esto, aspectos como los objetivos educativos, los contenidos y el material didáctico, la metodología, la organización de los espacios, las relaciones, el lenguaje, la formación de educadores y educadoras, y la adopción de protocolos de prevención y actuación sobre la discriminación y la violencia, deberán diseñarse teniendo en cuenta este aspecto. La incorporación del enfoque de coeducación transforma de raíz la experiencia educativa, actuando como cortafuegos de la transmisión de los prejuicios, estereotipos y roles que sostienen las bases de la discriminación y la desigualdad entre hombres y mujeres en todo el mundo.

De la teoría a la práctica: la experiencia de la Fundación Entreculturas

Desde Entreculturas, llevamos años asistiendo a los profundos efectos transformadores de la puesta en marcha de un enfoque de género a través de la coeducación dentro de la Educación para la Ciudadanía Global . Realizamos esta promoción a través del diseño de material educativo, el acompañamiento a centros, educadoras y educadores, así como la promoción de programas de participación juvenil que conectan a jóvenes de todo el mundo, como es el caso del programa de participación juvenil internacional Red Generación 21+, o el programa La Luz de las Niñas. Este último se desarrolla desde 2012 en más de 15 países, junto a Fe y Alegría y el Servicio Jesuita a Refugiados y otras organizaciones, con el objetivo de promover el empoderamiento de las niñas, protegerlas y prevenir la violencia en los entornos. Las intervenciones que forman parte del programa (que ya han alcanzado a más de 32 000 niñas de los distintos países que participan en él) incluyen no solo el trabajo con las niñas, sino también con sus entornos educativos, familiares y comunitarios. Además, se ven complementadas con la campaña La Luz de las Niñas, que busca visibilizar las violencias que estas sufren y sus consecuencias, así como incidir sobre las causas y estructuras que perpetúan la violencia, al tiempo que contribuye a su empoderamiento y protección. 
La experiencia extraída de todas estas intervenciones nos lleva a afirmar que la Educación para la Ciudadanía Global es una de las herramientas más poderosas para la generación de una ciudadanía capaz de liderar la transformación de nuestros entornos locales y globales, en un momento en el que son muchos los retos a los que debemos hacer frente. A su vez, esta no puede ser verdaderamente transformadora si no integra el enfoque de género de manera transversal, quebrando las raíces que sostienen la desigualdad y menoscaban el ejercicio de los derechos humanos de la mitad de la población global. Los jóvenes tienen esto cada vez más claro, señalando esta temática como una de las que les genera mayor interés, al tiempo que se implican en procesos de liderazgo y acción internacional por la igualdad de género en todo el mundo. Es necesario escuchar su llamada y aceptar la oportunidad de trabajar juntos y juntas en el reto de configurar los espacios socioeducativos como ámbitos clave en la construcción de sociedades más igualitarias, libres de discriminaciones y violencias.

El momento es ahora.