1.- ¿Qué son los estilos parentales?

Todo padre, madre o tutor/a, suele ser correcto con sus hijos e hijas, cumple adecuadamente con su rol y realizar acertadamente sus funciones parentales. No obstante, en ocasiones, cuando el nivel de estrés que viven los adultos supera su capacidad de afrontamiento, desafortunadamente algo muy frecuente en la sociedad actual, en la que a menudo los padres y madres se sienten desbordados, cansados y faltos de energía, ya que conciliar las largas jornadas de trabajo, la educación de los hijos/as y la vida familiar, social y personal no es tarea fácil.

Así, es fundamental que padres y madres sean capaces de reflexionar acerca de qué métodos educativos emplean habitualmente, sus posibles consecuencias y cómo adecuar dichos métodos en función de lo que quieren conseguir con respecto a la educación de sus hijos e hijas. El estilo educativo es un conjunto de técnicas y respuestas que los adultos dan a los menores ante cualquier situación cotidiana, toma de decisiones o actuación.

Tradicionalmente, la investigación sobre estilos parentales se ha basado en dos dimensiones básicas:

Afecto y comunicación

Se refiere al afecto y apoyo explícito, a la aceptación e interés por las cosas del niño/a y a la sensibilidad ante sus necesidades. De esta manera, los/as hijos/as se sienten amados/as, aceptados/as, entendidos/as y con lugar para ser tenidos/as en cuenta.

Control y límites

Hace referencia a la existencia de normas y disciplina que intentan conseguir los/as padres/madres.

2. ¿Cuántos tipos de estilos parentales hay?

A continuación, se describen las características principales de los cuatro estilos parentales considerados (autoritativo, permisivo, negligente y autoritario):

– Estilo democrático

En cuanto al estilo educativo democrático se refiere, su característica principal es que presenta un alto nivel tanto de afecto y comunicación y un alto nivel de límites. Los progenitores:

– Hacen especial uso de diálogo y de la comunicación con el objetivo de que sus hijos/as comprendan las acciones y comportamiento de los progenitores, las normas que establecen, etc. Llegando incluso a negociar ciertas cosas con ellos/ellas, con lo que estimulan que expresen sus necesidades. Las explicaciones siempre deben estar adaptadas al nivel de comprensión del niño/a.

– Tratan de guiar la conducta del niño/a por medio del respeto y reconocimiento mutuo, mostrando interés por satisfacer las necesidades que demandan sus hijos/as y reconociendo y respetando la individualidad y los derechos de los menores.

– Exigen el cumplimiento de límites y cooperan en los deberes recíprocos. Los padres y madres que ejercen el estilo democrático tienen hijos/as con un mejor ajuste emocional y comportamental, ya que manifiestan un estado emocional estable y alegre, una elevada autoestima y autocontrol (Arranz et al., 2004, citado en Capano y Ubach, 2013). Tienden así a obtener mejores resultados académicos y menor tendencia a manifestar problemas de conducta, además de a ser más independientes, afrontar mejor nuevas situaciones y ser más sociales. Por tanto, en líneas generales se puede afirmar que el estilo democrático presenta una alta eficacia para el desarrollo óptimo, tanto a nivel social como a nivel personal (Comino y Raya, 2014).

– Estilo permisivo

La relación familiar entre padres y madres e hijos en el estilo educativo permisivo muestra altos niveles en la dimensión de afecto y comunicación así como bajos en cuanto a mecanismos de control y exigencia (Comino y Raya, 2014). Los progenitores:

– Defienden la liberación del niño/a y no sienten la necesidad de establecer unas normas rígidas de comportamiento alejándose del uso de castigos.

– Llevan a cabo una crianza sobreprotectora con escasa disciplina. Los niños y niñas que viven en hogares con padres/madres con un estilo permisivo demuestran ser dependientes y poco obedientes, tienen dificultad en la interiorización de valores y para enfrentar situaciones nuevas, son más inmaduros, tienen baja autoestima, escasa motivación, tienen bajos niveles de control de sus impulsos y bajos niveles de tolerancia a la frustración, manifiestan dificultades a nivel conductual.

– Estilo negligente

Los padres y madres con un estilo parental negligente transmiten bajas dimensiones de afecto y comunicación así como una escasez de control de exigencias (Comino y Raya, 2014). Los progenitores:

– Se muestran indiferentes a las necesidades de sus hijos/as. No hay ningún tipo de implicación emocional.

– Son pasivos, no hay normas ni afecto.

– No establecen castigos para eliminar conductas, ni recurren al uso de recompensas para premiar el buen comportamiento. Es decir, se muestran completamente pasivos ante el comportamiento de sus hijos/as.

Quienes han crecido y vivido con unos padres/madres con estilo parental negligente, presentan problemas académicos, emocionales, conductuales, sociales e incluso de identidad personal. La falta de afecto, de supervisión y guía, de estos niños/as y adolescentes conlleva efectos muy negativos en el desarrollo de los mismos: sienten inseguridad e inestabilidad, son dependientes de los/as adultos/as, tienen dificultad de relación con sus pares, tienen baja tolerancia a la frustración y bajos niveles de autoconcepto y autoestima, etc. Estos niños suelen engañar con facilidad, mostrarse desconfiados con los demás y tener un carácter vulnerable, testarudo e impulsivo, lo cual facilita la aparición de conductas agresivas y conflictos.

– Estilo autoritario

Las investigaciones sobre modelos de crianza relacionan el estilo autoritario con una alta rigidez debido al gran uso que los progenitores hacen del control y las exigencias frente a la escasez de afecto y comunicación en las relaciones con sus hijos/as (Comino y Raya, 2014). Los progenitores:

– No explican los motivos de sus comportamientos, sino que atribuyen unas normas concretas dentro del núcleo familiar sin aceptar ningún tipo de cuestionamiento ni contar con la opinión del niño/a.

– No muestran afecto.

– Promueven un control muy restrictivo. Perciben la obediencia como una virtud y el castigo es considerado como la principal medida de modificación de conducta. En cuanto a los/as hijos/as de padres/madres con estilo educativo autoritario, sus problemas se plantean a nivel emocional, ya que el escaso apoyo consolida en los chicos y chicas una baja autoestima, un autoconcepto negativo y una confianza en sí mismos deteriorada. Además, se genera una baja conducta prosocial (se muestran tímidos, la expresión de afecto con sus pares es mínima son irritables y vulnerables a las tensiones) y por tanto, unas relaciones sociales pobres; lo que puede aumentar la posibilidad de manifestar conductas agresivas. Es frecuente que cuando el control es muy severo estos chicos y chicas terminen rebelándose ante sus padres, especialmente al principio de la adolescencia, momento en el que suelen buscar una mayor libertad y autonomía (Capano y Ubach, 2013). Como se ha podido comprobar, a lo largo de la descripción detallada de los cuatro tipos de estilos educativos parentales, se aprecia cómo los padres por medio de la crianza tienen la capacidad de influir en el desarrollo social del hijo/a y de condicionar su personalidad atribuyéndoles unas características psicológicas concretas (Comino y Raya, 2014).

Aunque, los estilos educativos parentales descritos son una forma teórica de acercarnos a nuestra práctica y en muchos casos no nos identificamos con un estilo en concreto, estas definiciones nos ayudan a reflexionar sobre nuestra tendencia de actuación y el efecto que esta tiene sobre el niño. De esta manera, en función de nuestros objetivos podremos reflexionar acerca de qué comportamiento debemos tener.

2. Pautas para optimizar el estilo parental

Según Díaz-Aguado (2006), a través de la educación familiar los/as hijos/as deben tener garantizadas tres condiciones básicas, de las que depende su calidad de vida y que contribuyen a prevenir cualquier tipo de violencia:

– Una relación afectiva cálida, que proporcione seguridad sin proteger en exceso. La inseguridad puede producirse tanto por falta de protección como por una protección excesiva, que trasmita miedo e indefensión.

– Un cuidado atento, adecuado a las cambiantes necesidades de seguridad y autonomía que se producen con la edad.

– Una disciplina consistente, sin caer en el autoritarismo ni en la negligencia, que ayude a respetar ciertos límites y aprender a establecer relaciones basadas en el respeto mutuo, la antítesis de la violencia y del modelo de dominio-sumisión en el que se basa. Para proporcionar estas tres condiciones, los padres y las madres necesitan aprender a interpretar qué necesita su hijo o hija en cada momento, cómo proporcionárselo y cómo comunicarse con él o con ella; características que se relacionan mayoritariamente con el estilo parental democrático.

La dificultad de la familia para proporcionar las tres condiciones anteriormente expuestas puede incrementar el riesgo de que los/as niños/as y adolescentes participen como acosadores/as o víctimas en la escuela. Los estudios más recientes llevan a destacar, sobre todo, tanto la excesiva permisividad como el autoritarismo, así como la mezcla de ambos.

Por su parte,otros autores (Giménez y Rubio (2007) proponen algunas pautas preventivas contra la violencia en la escuela que pueden llevarse a cabo desde el entorno familiar. Así, es fundamental que:

Establezcan unas pautas de conducta claras y eficaces, prefijando unos límites seguros y unas expectativas alcanzables para sus hijos/as.

Proporcionen a su hijo/a un vínculo y un apego afectivo seguro y fuerte, asegurándole su descanso afectivo y su apoyo incondicional dentro de la familia.

Se dirijan a sus hijos de manera positiva y reforzante, apoyando en todo momento todas sus conductas positivas.

Corten de forma tajante las conductas negativas de sus hijos/as, sirviendo ellos en todo momento de modelo no sólo verbal sino conductual, pues no hay que olvidar que en todo momento ellos son el modelo referencial para sus hijos/as.

– Proporcionen a sus hijos/as pautas que les sirvan para resolver conflictos que se les puedan presentar en clase.

Aconsejen cómo tratar con compañeros/as de clase con conductas problemáticas.

Inculquen normas de comportamiento escolar adecuado, siguiendo las normas sociales establecidas.

– Estimulen a sus hijos/as a que no actúen en ningún momento como meros observadores de una situación de acoso escolar que se pueda dar en su clase, ya que ése es un modo de participación en la agresión.

Mantengan una relación cercana y de interés con el centro escolar donde acude su hijo/a, involucrándose y participando en el seguimiento escolar, y relacionándose con los profesores/as.

Expliquen a sus hijos/as que existen múltiples diferencias de tipo cultural, religioso, social… que deben respetarse.

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