No es fácil comprender por qué unos profesores se sienten ilusionados y otros desfondados. Existen múltiples variables que he intentado organizar en este breve texto en torno a tres factorespersonales, contextuales y temporales y estrategias para mejorar la satisfacción profesional– con tres dimensiones en cada uno de ellos. En la mayoría de ellas pueden manifestarse diferencias en función del género de los docentes. Por tanto, nueve pistas para la reflexión y un enfoque transversal.
 

1. Competencia profesional.

 
El progresivo dominio de las habilidades, conocimientos y actitudes que un docente tiene que desarrollar para ejercer bien su trabajo es un factor de primer orden en su satisfacción profesional. Su ejercicio le permite mantener la autoestima y la valoración de sus compañeros, el reconocimiento y el aprecio de los alumnos y de la comunidad educativa y la seguridad de ser capaz de enfrentarse a las situaciones imprevistas que surgen en la enseñanza.
 
Sin embargo, no podemos olvidar un debate necesario que subyace en la valoración de la competencia profesional: ¿qué se espera de un docente en los tiempos actuales? ¿Cuáles son sus funciones y actividades y, por tanto, las competencias que se le pueden pedir?
 

2. Equilibrio emocional

 
Las emociones están en el corazón de la enseñanza, afirmó hace casi veinte años Andy Hargreaves. Hoy esta afirmación tiene incluso más fuerza por la ampliación de los objetivos de las escuelas, la incorporación a las aulas de colectivos de alumnos anteriormente ajenos a ellas, las mayores presiones sociales que viven los profesores y la creciente importancia que está adquiriendo la dimensión emocional en los procesos de aprendizaje.
 
El docente experimenta continuas emociones en sus relaciones con los alumnos, con sus compañeros, con las familias y con las propuestas de cambio que realizan los responsables educativos. Su forma de abordarlas depende en gran medida de las metas o proyectos de cada profesor, del contexto en el que desarrollo su trabajo y de su percepción de los acontecimientos vividos. Los mismos hechos pueden generar abatimiento en unos docentes o disposición para mejorar la práctica profesional en otros.
 

3. Sentido y dedicación

 
El ejercicio de la profesión docente requiere la asunción de unos valores que den sentido al trabajo realizado y a las tensiones vividas. A ello contribuye la visión de que enseñar a los otros, a los más jóvenes, es una tarea que merece la pena porque colabora en una mejor formación de las nuevas generaciones.
Por el contrario, la pérdida progresiva del sentido de la educación favorece el inmovilismo y la falta de interés en el desarrollo de nuevos proyectos y sienta las bases para el cansancio y el desfondamiento.
 

4. Contexto sociocultural y condiciones laborales.

 
Las condiciones de trabajo condicionan el desempeño profesional y afectan al equilibrio afectivo y al compromiso de los docentes. Las características del centro, las demandas educativas de los alumnos y la forma de colaboración de las familias también influyen en los planes, las expectativas y la satisfacción de los docentes. La respuesta en términos de bienestar o de malestar es diferente entre los docentes y está en función de su capacidad de enfrentarse con éxito a retos exigentes y a tensiones continuadas.
 

5. Etapa educativa.

Las tensiones suelen ser mayores en la Educación Secundaria Obligatoria que en las demás etapas educativas. Sin embargo, este factor no debe valorarse de forma independiente, sino en relación con las condiciones de trabajo. No es lo mismo enseñar en una clase de la ESO relativamente homogénea con veinticinco alumnos que en otra con gran diversidad y un número superior de alumnos. De la misma manera, trabajar en una clase con menos de veinte niños de tres años facilita realizar una buena educación; con veinticinco en esa misma edad es agotador.
 

6. Edad.

 
Con el tiempo y los años de trabajo educativo pueden acumularse frustraciones, cansancio y desengaños, pero también experiencia, tolerancia a la frustración y estrategias para aprovechar las oportunidades por escasas que sean. La posible satisfacción o insatisfacción de los docentes debe tener en cuenta esta dimensión temporal.
 

7. Cuidado de uno mismo

El bienestar profesional ha de cuidarse. En ocasiones, esta finalidad se cumple con actividades en las que no hay una conciencia explícita de su relación con la satisfacción personal; en otras, en cambio, hay una intención consciente.
 
El cuidado abarca múltiples facetas de la vida, pues la satisfacción profesional no puede desligarse de la personalidad del profesor, de su historia, de sus relaciones familiares y sociales y, evidentemente también, de su trayectoria académica y de la atención a los factores protectores que contribuyen a mantener el buen ánimo en el trabajo.
 

8. Cuidado de los otros

Construimos nuestro yo personal a través de los otros. Nuestros conocimientos, emociones y valores son expresión del conjunto de las interacciones sociales realizadas en nuestra historia. Somos en gran medida lo que hemos vivido con los otros y hacia los otros.
 
Preocuparse por los otros contribuye al bienestar y rompe, en consecuencia, la extendida noción de que la felicidad es un asunto individual. Los otros en la docencia son principalmente nuestros compañeros y nuestros alumnos.
 

9. Acción de los responsables educativos

Una de las funciones más importantes de las administraciones educativas es favorecer la satisfacción profesional de los docentes. La preocupación por las condiciones de trabajo, en especial para aquellos docentes que trabajan en centros más desafiantes, el apoyo a la innovación y al trabajo en equipo, la justa y transparente gestión y los medios para el desarrollo profesional están entre sus tareas necesarias.
 
En el caso de los equipos directivos, su responsabilidad principal se encuentra en desarrollar una cultura escolar que facilite la participación, la confianza, el apoyo mutuo, la coordinación pedagógica, el sentimiento de pertenencia al centro y la dedicación para mejorar los aprendizajes y el bienestar de todos los alumnos. De esta forma, se contribuye de forma decisiva a la satisfacción profesional de los docentes.
 

10. El género en la docencia

Se trata de analizar si hay diferencias en el acceso a la docencia y en el nivel de satisfacción profesional en función del sexo de los docentes.
 
Mes a mes comentaremos cada una de estas pistas con el objetivo de favorecer la reflexión del lector. En el análisis del desarrollo profesional docente existen certezas e incertidumbres, pues los cambios sociales y las nuevas demandas a la enseñanza replantean las funciones de los profesores y el contexto en el que desarrollan su trabajo.
 
El lector interesado puede conocer de forma inmediata su nivel de satisfacción profesional completando el breve cuestionario que se muestra en Eduforics. Sus respuestas se comparan con los datos medios procedentes de un amplio estudio realizado anteriormente con profesores de distintas etapas educativas.

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